Digitalizar la biodiversidad vegetal: cuando una planta también puede convertirse en un modelo 3D
¿Alguna vez has pensado que una planta puede conservarse no solo en un herbario, una fotografía o una colección científica, sino también como un modelo digital que se puede observar, medir, compartir e incluso recorrer en tres dimensiones?
Hugo Gerardo Lazcano Ramírez
1/2/20266 min read


La digitalización de la biodiversidad vegetal está transformando la manera en que estudiamos, preservamos y divulgamos el mundo de las plantas. Hoy, gracias a herramientas como la fotogrametría, el escaneo 3D, la morfometría digital, la realidad aumentada y los repositorios abiertos, es posible convertir ejemplares reales en archivos digitales que conservan parte de su forma, textura, volumen y características visibles.




Tradicionalmente, las plantas se han estudiado mediante ejemplares físicos, fotografías, dibujos botánicos, mediciones manuales y colecciones de herbario. Estos métodos siguen siendo fundamentales, porque el ejemplar físico conserva información biológica que ningún archivo digital reemplaza por completo. Sin embargo, la digitalización permite complementar ese trabajo. Un modelo 3D de una planta, fruto, semilla o estructura vegetal puede consultarse sin manipular el ejemplar original. Esto ayuda a reducir el deterioro de materiales frágiles, facilita el acceso remoto y permite que más personas observen características que antes solo estaban disponibles para investigadores o instituciones especializadas.
Del ejemplar físico al objeto digital
Digitalizar una planta significa transformar un organismo, una parte de él o un ejemplar de colección en un registro digital. Este registro puede ser una imagen de alta resolución, un modelo tridimensional, una nube de puntos, una textura, una medición morfométrica o un conjunto de metadatos asociados.
En el caso de los modelos 3D, el proceso puede realizarse mediante escaneo especializado o fotogrametría, una técnica que reconstruye la forma de un objeto a partir de muchas fotografías tomadas desde distintos ángulos. Después, mediante software de procesamiento, esas imágenes se convierten en una geometría digital que puede visualizarse, girarse y analizarse.
El resultado no es solamente una representación visual. También puede convertirse en una fuente de información. La forma general, la curvatura, el volumen, la superficie, las proporciones y ciertos detalles estructurales pueden analizarse con fines científicos, educativos o de divulgación.
¿Qué información se puede obtener?
Digitalizar una planta no significa únicamente “hacer una copia bonita”. Un buen modelo digital puede conservar información útil sobre su morfología. A partir de imágenes, escaneos o modelos tridimensionales, es posible obtener medidas como longitud, ancho, área, volumen, simetría, curvatura y proporciones.
Este tipo de análisis se relaciona con la morfometría digital, una herramienta que permite estudiar la forma de los organismos de manera cuantitativa. En plantas, puede aplicarse a hojas, flores, frutos, semillas, tallos y estructuras completas. Esto tiene aplicaciones en taxonomía, conservación, agricultura, ecología, evolución y educación científica.
Por ejemplo, comparar modelos digitales de frutos puede ayudar a reconocer variaciones en forma y tamaño. Analizar hojas permite estudiar patrones de crecimiento, diferencias entre poblaciones o respuestas a condiciones ambientales. En estructuras complejas, como rosetas de agaves, el modelado 3D permite observar la disposición espacial de las hojas, sus ángulos, su textura y su arquitectura general.








Preservar sin sustituir
Es importante decirlo con claridad: un modelo 3D no sustituye al ejemplar real. La planta física sigue siendo la referencia principal para estudios anatómicos, genéticos, químicos o taxonómicos detallados. Pero el modelo digital amplía sus posibilidades.
Cuando un ejemplar se digitaliza, puede compartirse en repositorios públicos, galerías virtuales, plataformas educativas o bases de datos científicas. Esto permite que estudiantes, investigadores, docentes, museos y personas interesadas puedan acceder a materiales que antes estaban limitados por la distancia, el costo o la fragilidad del ejemplar.
La digitalización también favorece la conservación preventiva. Si una especie es rara, está amenazada o pertenece a una colección delicada, su representación digital puede facilitar la divulgación sin exponer el material original a manipulación constante. De esta manera, el objeto digital funciona como una extensión del ejemplar físico: no lo reemplaza, pero sí ayuda a protegerlo, estudiarlo y compartirlo.
Galerías virtuales, realidad aumentada y nuevas formas de divulgación
Uno de los usos más interesantes de estos modelos es la creación de galerías virtuales. En lugar de observar una planta únicamente en una imagen plana, el público puede girarla, acercarse, cambiar el ángulo de visión y explorar detalles. Esto abre nuevas posibilidades para museos, universidades, herbarios, jardines botánicos y proyectos de educación ambiental.
La realidad aumentada también permite colocar modelos digitales en espacios reales a través de un teléfono o una tableta. Así, una persona podría observar una planta escaneada en 3D sobre una mesa, explorar un fruto desde distintos ángulos o comparar especies vegetales sin tenerlas físicamente presentes.
Además, estos modelos pueden reutilizarse en videojuegos como MINECRAFT o ROBLOX así como películas, animaciones, simuladores, recorridos inmersivos y experiencias interactivas. Aunque estos usos pertenecen más al campo creativo, también pueden servir para divulgar la biodiversidad, recrear ecosistemas, diseñar ambientes educativos y acercar la botánica a públicos que normalmente no se interesan por los formatos científicos tradicionales.


Repositorios públicos: compartir para conservar mejor
Uno de los aspectos más importantes de la digitalización es el acceso abierto. Cuando los modelos, imágenes y metadatos se publican en repositorios públicos, su impacto crece. No se trata solamente de guardar archivos, sino de construir memoria científica y cultural.
Un modelo digital bien documentado debe incluir información básica: nombre del ejemplar o identificación taxonómica si está disponible, lugar de origen, fecha de captura, método de digitalización, autoría, escala, licencia de uso y condiciones de reutilización. Estos metadatos hacen que el archivo sea útil para investigación, educación y conservación.
Los repositorios abiertos permiten que otros investigadores comparen datos, que docentes diseñen clases interactivas, que estudiantes practiquen observación morfológica y que el público conozca especies vegetales desde cualquier lugar. En ese sentido, digitalizar también es democratizar el acceso al conocimiento.
Una nueva forma de mirar las plantas
La digitalización de la biodiversidad vegetal une ciencia, tecnología y divulgación. Nos permite conservar registros visuales detallados, obtener información morfométrica, crear experiencias educativas y compartir modelos con comunidades amplias.
Cada escaneo 3D puede verse como una semilla digital: guarda información, puede viajar a muchos lugares y puede inspirar nuevas preguntas. Una calabaza, un agave, una flor o una hoja no solo son organismos o estructuras botánicas; también pueden convertirse en puentes entre la investigación científica, la conservación y la imaginación pública.
Preservar la biodiversidad no significa únicamente proteger plantas en el mundo físico. También implica documentarlas, estudiarlas, compartirlas y hacer que más personas puedan conocer su valor. Las herramientas digitales no reemplazan la naturaleza, pero sí pueden ayudarnos a verla con más detalle, a cuidarla mejor y a acercarla a las generaciones futuras.
Referencias:
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